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Llegó el momento tan esperando por los chicos, y varios grandes: las vacaciones de invierno. Sin embargo, en muchos hogares esta fecha se vive con temor. ¿Qué hacer con los niños todo el día en casa? ¿Hay que buscarles actividades diarias? ¿Qué pasa si se aburren? Son solo algunos de los enigmas que acompañan el inicio del receso. Sin embargo, los especialistas recomiendan tomar esta etapa con calma y no desesperar ante el aburrimiento infantil.

El quiebre con la rutina implica siempre un desafío para la familia. Sobre todo en aquellos casos en que los adultos responsables no cuentan con la disponibilidad horaria para que los niños estén acompañados en el hogar. Es ahí cuando se empiezan a analizar alternativas como visitar a familiares o iniciar actividades que surgen especialmente para esta fecha.

En muchos casos, y cuando los chicos son más grandes, las madres de un grupo se organizan para turnarse y hacerse cargo de todo el grupo un día cada una. El objetivo es siempre el mismo, que los niños estén ocupados la mayor parte del tiempo posible.

Eso, según explicaron la psicóloga social Nancy Francalanza y la psicóloga María Catalina Gorosito, se vincula con el temor de los padres a que los chicos se aburran. Sin embargo, ellas recomendaron dejar que el niño pase por esa situación de aburrimiento porque es a partir de ese sentimiento que se desarrolla la creatividad.

“Interpelarnos acerca de miedos y temores ante el receso escolar invernal, posibilita pensarnos como adultos en relación a este tema. ¿De quiénes y para quiénes son las vacaciones?”, evaluó Gorosito y agregó: “¿Cuál es el miedo, temor real de los padres entonces? ¡Qué los chicos se aburran! ¡Qué nos invadan, nos demanden hasta agotarnos! Pensado de esa manera, tendríamos que analizar que en las vacaciones se produce un quiebre, una ruptura que modifican la cotidianeidad, algunas rutinas que, sin duda son necesarias como organizadores y sostenes que dan seguridad para el accionar diario. Al ser alterado ese ritmo se necesitan nuevos ordenamientos y adaptaciones, que como toda situación de cambio es generadora de ciertos miedos y ansiedades”.

Según detalló, esas nuevas reorganizaciones no solo generan ansiedades sino también expectativas múltiples, idealizaciones y compensaciones. “Las compensaciones pueden ser vivenciadas por los adultos como reparaciones a cuestiones relacionadas a ciertas ausencias, falta de diálogos y comunicaciones oportunas, paseos y diferentes momentos y situaciones para compartir”, indicó Francalanza.

Y siguió: “Si bien las vacaciones son esperadas y ofrecen muchas posibilidades para el goce y la distensión, cuando se vive con las presiones, con intensidad, que suponen las compensaciones y reparaciones antes descriptas, el agobio y climas de tensión se instalan produciendo efectos no deseados en la familia y en los niños. Reflexionar sobre esos señalamientos sin culpabilizarnos, permite asumir con actitud madura y serena sobre cuáles son las posibilidades reales para ofrecer a los niños que puedan ser importantes oportunidades para el disfrute y el goce”.

Ocio creativo

Una alternativa que suele aparecer en esta época es la de llenar a los chicos de actividades para evitar que se aburran y para lograr que se cansen lo suficiente para que, cuando lleguen a sus casas, solo deseen descansar. Pero también es cierto que estas semanas sin clases son una gran oportunidad para hacer aquellas cosas que no se hacen de manera habitual durante el año.

Consultadas sobre cómo se puede lograr el equilibrio entre las agendas cargadas y el descanso, las especialistas coincidieron en que es central que los chicos se aburran porque es a partir de eso que surge la creatividad en los individuos.

“El equilibrio está dado por tener tiempo libre que supone un ocio creativo, el cual permite a los chicos inventar, soñar, imaginar y conectarse con sus propias necesidades, deseos y, por qué no, no hacer nada”, manifestó Francalanza.

A lo que Gorosito acotó: “Además, es fundante para la constitución como sujeto que pueda tener un tiempo para pensar y poder desplegar procesos de autonomía para elegir por sí mismo lo que le provoca placer y poner en palabra lo que rechaza o disgusta. Eso no excluye la importancia de planificar, en forma conjunta familia y niños, diversas actividades sociales, turismo cultural, parques, plazas y todo aquello que conecte con espacios lúdicos”.

—¿Qué sucede cuando un niño o niña no quiere ir al club, a la clase de arte o a la actividad extracurricular que ha comenzado?

Hay que recordar el verdadero sentido del vocablo vacaciones. La palabra vacaciones de su acepción “vacatio” significa “tiempo de vaciamiento”. Ese vaciamiento no deja a los chicos en una pasividad total, por el contrario es un vaciamiento fértil que permite el despliegue de fantasías y poder proyectarlo en sus juegos.

Sería prudente evitar la preparación de una súper agenda. Los niños sometidos a desmedidos estímulos, excesos de recursos tecnológicos, intensas actividades con horarios y obligaciones, son vividas por el niño como una extensión de las actividades realizadas durante el año. Esa situación puede ser causa de rechazo, o disgusto.

—Muchas veces el receso de invierno es la primera oportunidad, desde el verano, que los hermanos de distintas edades tienen para compartir mucho tiempo y días juntos en la casa. ¿Cómo se puede promover una buena relación entre hermanos en vacaciones?

Si bien las vacaciones promueven mayores oportunidades de tiempos y espacios para compartir, no es mágico lograr relaciones positivas en el núcleo familiar basadas en el respeto, buen trato, aceptación de las diferencias que hacen a la identidad, ya que los vínculos son construcciones consecuentes de las interacciones cotidianas. Sin embargo, es importante que los adultos propicien oportunidades para que los hermanos puedan compartir con diferentes propuestas, en la que muchas veces el adulto tendrá que mediar sin sofocar la libertad y creatividad.

Adherimos a la línea de pensamiento de Gilles Lipovetski, que critica la homologación de la felicidad con el consumo, en esta era de hiperconsumismo. Es importante recuperar valores que los conecten consigo mismo, y con el otro, fortaleciendo el uso de la palabra y la auténtica comunicación para instalar condiciones de existencia saludables que posibilitarán la concreción de proyectos de vida más allá del tiempo de receso.

 

Por Victoria Rodríguez / Diario UNO de Santa Fe